Solo libros en papel.

    Eduardo Grüner,

    El sitio de la mirada. Secretos de la imagen, silencios del arte.

    Prólogo de Jorge Jinkis

    1ª ed. Buenos Aires: 17grises editora, 2022.

    460 p.; 14 x 22 cm. – (mundus)

    ISBN: 978-987-1724-50-5

     

    La de Eduardo Grüner es siempre, en el doble sentido, una lectura interesada. Y es posible que esa sea una de las razones por las que hace tiempo declaró que el ensayo es un género culpable. Culpable de practicar una “deslectura creativa”. Culpable de atrapar la ocasión, para tratarla como oportunidad. Culpable del abuso de “frankfurtizar a Edipo” o de cláusulas irreverentes que permiten frases idiosincráticas, “a la Eliot”, “a la Foucault”. No sin humor. Pero no habría que tomarlas a la ligera porque es la disponibilidad de la escritura que acude a la cita fallida y delega en la traducción, en la parodia o en la alusión una diferencia que abre camino.

    “Arrojarse hacia el horizonte”, dijo Sartre. Para dar ese salto hay que apoyarse en algún lado, y fue después de leer (primera palabra de su libro) que Althusser se lanzó tras la frase: “Puesto que no hay lecturas inocentes, empecemos por confesar de qué lecturas somos culpables”. Más allá de los modos de apropiación, cabe preguntarse ¿cómo se las arregló Grüner para hallar en el estructuralismo marxista la tal vez única frase sartriana? No sorprende entonces que se arriesgue: “Alguien me dirá que esto ya no es Sartre, que es Freud o Lacan: me tiene sin cuidado”.

    El sitio de la mirada - Eduardo Grüner

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    Eduardo Grüner,

    El sitio de la mirada. Secretos de la imagen, silencios del arte.

    Prólogo de Jorge Jinkis

    1ª ed. Buenos Aires: 17grises editora, 2022.

    460 p.; 14 x 22 cm. – (mundus)

    ISBN: 978-987-1724-50-5

     

    La de Eduardo Grüner es siempre, en el doble sentido, una lectura interesada. Y es posible que esa sea una de las razones por las que hace tiempo declaró que el ensayo es un género culpable. Culpable de practicar una “deslectura creativa”. Culpable de atrapar la ocasión, para tratarla como oportunidad. Culpable del abuso de “frankfurtizar a Edipo” o de cláusulas irreverentes que permiten frases idiosincráticas, “a la Eliot”, “a la Foucault”. No sin humor. Pero no habría que tomarlas a la ligera porque es la disponibilidad de la escritura que acude a la cita fallida y delega en la traducción, en la parodia o en la alusión una diferencia que abre camino.

    “Arrojarse hacia el horizonte”, dijo Sartre. Para dar ese salto hay que apoyarse en algún lado, y fue después de leer (primera palabra de su libro) que Althusser se lanzó tras la frase: “Puesto que no hay lecturas inocentes, empecemos por confesar de qué lecturas somos culpables”. Más allá de los modos de apropiación, cabe preguntarse ¿cómo se las arregló Grüner para hallar en el estructuralismo marxista la tal vez única frase sartriana? No sorprende entonces que se arriesgue: “Alguien me dirá que esto ya no es Sartre, que es Freud o Lacan: me tiene sin cuidado”.

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